

Hay algo que atraviesa toda la historia de Lulù Matheou: la búsqueda. Desde chica existía una curiosidad constante por la música. Descubrir canciones, encontrar sonidos que llamaran su atención, guardar aquello que le generaba interés y, sobre todo, compartirlo. Antes incluso de pensar en una carrera artística, ya aparecía una forma de relacionarse con la música basada en coleccionar, investigar y encontrar.
Su primer acercamiento a una consola llegó a los diez años, de la mano de su tío, DJ. Años después, durante la pandemia, una consola prestada por él volvió a ponerla frente a los decks. Esta vez, la curiosidad se convirtió en práctica: empezó a aprender por su cuenta, pasó por Arjaus y diferentes espacios de formación, y comenzó a construir una relación cada vez más profunda con la escena.
En ese camino apareció una afinidad inmediata con el Minimal y el Microhouse. La síncopa, los patrones rítmicos, los pequeños desplazamientos, el espacio entre los sonidos y aquello que sucede casi en segundo plano despertaron una sensibilidad que todavía hoy forma parte de su manera de escuchar.
Pero Lulù nunca entendió la música como un lugar cerrado. Su selección puede recorrer Minimal, House, Techno y otros territorios, siempre desde una lógica menos preocupada por las etiquetas que por la experiencia. Lo que importa es qué puede suceder cuando determinada música encuentra determinado momento.
Para Lulú, la identidad artística no se construye eligiendo un solo camino, sino encontrando una dirección propia dentro de todo aquello que la inspira. Cada etapa de su vida fue dejando algo en su manera de entender la música. Cada viaje, cada ciudad, cada escena, cada disco encontrado y cada persona con la que compartió música fueron ampliando su mapa.
Vivir en Melbourne, Australia, fue especialmente importante en ese proceso. El contacto con una escena diferente, nuevas formas de entender la pista y distintas maneras de vincular música, comunidad y espacio fueron referencias que luego comenzaron a aparecer también en el universo que desarrolla en Aperturia Lab, su sello discográfico.
Sus viajes por Suecia, Estados Unidos, Europa y Latinoamérica fueron ampliando su mirada y sumando nuevas referencias a su camino artístico. Viajar también se convirtió en una forma de estudiar música: recorrer disquerías, descubrir escenas, conocer artistas y observar de cerca las distintas maneras en que cada lugar construye su vínculo con la pista. Todo eso vuelve después a la cabina.
Una parte fundamental de la impronta de Lulù aparece en su manera de entender un DJ set. Para ella, pasar música tiene tanto que ver con seleccionar como con escuchar. No solamente los tracks, sino todo lo que sucede alrededor: las personas, el espacio, el horario, la energía de una pista y el contexto.
Todo puede convertirse en información. Por eso sus sets buscan construir un diálogo. Hay espacio para la conexión, la emocionalidad, el baile y el disfrute, pero también para la sorpresa y el descubrimiento. Su lenguaje sonoro se mueve entre el groove, la percusión y el espacio. Minimalismo, pulsos hipnóticos y texturas orgánicas aparecen en sets que atraviesan distintos territorios, dejando lugar para lo rítmico, lo sensual, lo inesperado y esos pequeños cambios que pueden transformar una pista casi sin hacerse notar.
Esa amplitud también puede escucharse en los sets que Lulù publica online, donde diferentes registros conviven dentro de una misma lógica de selección. No se trata únicamente de llegar con una selección preparada, sino de entender qué necesita ese momento y encontrar la música capaz de acompañarlo.
Cada pista es diferente porque cada situación también lo es.
El formato analógico ocupa un lugar central en su propuesta. Más que un formato, para Lulù representa una manera particular de relacionarse con la música: buscar, investigar, tocar los discos, leer los sellos, reconocer artistas, descubrir música que todavía no conoce y llevar esos hallazgos a una experiencia concreta.
Existe también una conexión con algo que estuvo presente desde su infancia: el impulso de coleccionar aquello que despierta curiosidad. Con el tiempo, esa relación se convirtió además en una herramienta pedagógica. Lulù comenzó a dar clases de DJ de vinilo en Dbel, con un enfoque que va más allá de enseñar a mezclar. Trabaja técnica, escucha, selección y herramientas concretas del formato, pero pone especial énfasis en algo que considera fundamental: aprender a escuchar y desarrollar una identidad propia.
Porque para ella aprender a mezclar no consiste solamente en saber qué apretar. Es entender por qué una música funciona, qué se quiere decir con una selección y cómo construir un viaje que tenga sentido.
Después de años de recorrer la escena desde diferentes lugares, la búsqueda empezó a necesitar un espacio propio.
Lulù es cofundadora de Orange Lamp, plataforma que nació en Buenos Aires alrededor de la música, los eventos y la comunidad. Y actualmente desarrolla Aperturia Lab, un sello y laboratorio creativo que funciona como una extensión de su universo artístico.
Aperturia nace con la intención de crear un espacio donde la música pueda convivir con otras formas de expresión, y donde sea posible investigar, experimentar y desarrollar ideas sin tener que separar necesariamente disciplinas. El proyecto atraviesa música, experiencias de escucha, piezas audiovisuales, encuentros y distintas formas de creación. Es, en muchos sentidos, una extensión de la propia manera de trabajar de Lulù: observar, absorber, investigar, probar y transformar.
El primer lanzamiento de Aperturia Lab es también el EP debut de Lulù Matheou como productora.
“aperturia” representa una faceta más introspectiva de su recorrido musical. Sus tracks nacen desde la exploración interior y una búsqueda sonora cuidada, llevando al estudio parte de esa sensibilidad que durante años fue desarrollando detrás de los decks. El EP no funciona como una ruptura con su recorrido como DJ, sino como una nueva forma de profundizarlo. Está disponible para escuchar en Bandcamp, donde también comienza a tomar forma su catálogo como productora.
Si en la cabina la búsqueda sucede en tiempo real, en el estudio aparece la posibilidad de detenerse, observar y construir con mayor profundidad. Y Aperturia recién comienza. Lulù prepara un nuevo lanzamiento bajo el sello, esta vez acompañado por una pieza audiovisual, continuando la exploración de la relación entre sonido e imagen. También comienza a explorar el live set y continúa desarrollando nuevas producciones que amplían el lenguaje de Aperturia Lab.
Su recorrido ya pasó por festivales, venues y escenarios como Movistar Arena, Lollapalooza, Creamfields, The Bow, Deseo, Dune Park, ARTEBA y Ciudad Emergente, además de presentaciones en ciudades como Estocolmo, Berlín, Detroit, Melbourne y Nueva York. Esta diversidad de escenarios y geografías fue ampliando su mirada y sumando nuevas capas a su lenguaje artístico.
A lo largo de este camino compartió cabina con artistas como Gerd Janson, Thievery Corporation, Nicola Cruz, Egyptian Lover, Traumer y Martin Garrix, atravesando distintas escenas y formatos. Entre los momentos destacados se encuentran su encuentro con Egyptian Lover en Lincoln Factory, Detroit; su set junto a Traumer en The Bow; y el opening para Martin Garrix en el Movistar Arena. Experiencias que reflejan también la amplitud de escenarios en los que viene desarrollando su carrera.
Hoy, ese movimiento continúa. En los últimos meses, Lulù viene recorriendo distintas ciudades y provincias del país, llevando su música al interior y ampliando su vínculo con nuevas escenas y públicos. Su recorrido también tuvo una escala reciente en Chile, con una presentación en Lunática.
Los próximos meses la encontrarán nuevamente en movimiento: el 31 de octubre se presentará en Las Palapas, Mendoza; el 14 de noviembre, en Creamfields Argentina; y el 6 de febrero, en Cosquín Rock, Córdoba.
Quizás ahí está una de las particularidades más interesantes de Lulù Matheou.
En un momento de su recorrido en el que podría resultar fácil definir rápidamente un sonido, una estética o una identidad, ella parece encontrar comodidad justamente en lo contrario: en seguir buscando.
Pero no desde la indecisión. Su búsqueda tiene dirección. Hay una sensibilidad reconocible, una manera de seleccionar, una relación particular con el ritmo, con el espacio y con la pista. Hay también una curiosidad que le impide quedarse quieta demasiado tiempo. Viajar. Escuchar. Estudiar. Descubrir. Tocar. Producir. Conocer. Volver a empezar. Cada etapa agrega una nueva capa sin borrar la anterior.
Hoy, esa filosofía toma forma en dos lugares que conviven: Lulù Matheou, como artista, y Aperturia Lab, como universo creativo. Una alimenta a la otra. Y quizás la verdadera identidad de Lulù no esté en un género, una ciudad o una escena determinada, sino en esa capacidad de permanecer abierta sin perder el rumbo.
Una búsqueda constante, pero con dirección.